Niños y adolescentes

“Mi hijo no me obedece”, “Siempre tiene que salirse con la suya”, “Desde pequeño tenía estas rabietas, pero con la edad ha empeorado”, “¿Tiene mi hijo un miedo excesivo?”

Seguro que estas preguntas resuenan en la cabeza de todos. La respuesta, en ocasiones, puede ser un problema de conducta.

Estos problemas son más habituales en la infancia. Enseñar nuevas fórmulas y estrategias es la clave para que no se disparen en la adolescencia o en la vida adulta.

El objetivo es transformar el comportamiento de los niños mediante técnicas psicológicas que permitan adquirir nuevas conductas, mejorar algunas que ya se posean y minimizar o eliminar hábitos que se deseen evitar.

Como el comportamiento es aprendido, podemos “desaprenderlo”, es decir, podemos modificarlo también a través del aprendizaje.

Pero cuando los niños crecen, las preguntas empiezan a cambiar: “Se pone muy nervioso ante los exámenes”, “Noto a mi hijo más triste, ¿Tomará drogas?, ¿Quién es su grupo de amigos?, ¿Tiene aspiraciones en la vida? “

Las respuestas empiezan a ser más complejas y los conflictos comienzan a aumentar, ya que el mundo del adolescente empieza a cambiar.

La evaluación de sus iguales toma un papel clave en esta etapa, las dudas sobre los cambios físicos y emocionales que conlleva esta edad a veces no son bien resueltas.

La personalidad va asentando sus pilares y debe hacerse su propio hueco en el mundo.

Por eso, con el desarrollo de la inteligencia emocional se ha demostrado mayor capacidad para no ceder a la presión del grupo, mayor habilidad para resolver conflictos, relacionarse positivamente con el otro y alcanzar mayor rendimiento académico.

“Lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo”

Aristóteles