¿Por qué cuanto más mayores nos hacemos, más miedo tenemos?

Los miedos infantiles son conocidos por todos: miedo a los fantasmas, miedo a la oscuridad, a los monstruos… pero esto es lo que llamamos miedos evolutivos. Estos miedos dependen de la etapa de desarrollo en la que esté el niño y en su gran mayoría, van desapareciendo en el tiempo esperado.

Pero, el miedo no es una emoción reservada a los más pequeños, sino que el objeto de nuestro miedo se va modificando. Nuestra forma de expresar nuestro miedo también va cambiando, o incluso, siendo adultos, parece que debemos no tener miedo nunca, y en el caso de tenerlo, no se puede decir.

¿Por qué? Quizá, porque nuestros miedos se convierten en fantasmas, dejan de ser algo real para convertirse en ideas y situaciones. Desaparecen los miedos a los dinosaurios, a los monstruos, dando paso a los miedos a no cumplir expectativas, al futuro, a lo desconocido.

En todo esto, tiene mucho que ver el constructo social. El miedo es quizá una de las emociones más “contagiosas”. Podemos desarrollar un miedo a algo por el simple hecho de haber leído información o por ver como alguien le tiene miedo.

¿Qué podemos hacer? Lo que en ningún caso podemos hacer, es permitir que el miedo nos paralice, que nos impida seguir avanzando, a no exponernos a situaciones por el simple hecho de tener miedo.

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